Banderas a favor de los carapintadas: la provocación y el negacionismo libertario

En pleno desfile militar por el Día de la Independencia apareció una bandera que rezaba "Los carapintadas tienen razón" a metros del palco donde estaban sentados Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel. Una muestra más del negacionismo impulsado por este Gobierno.

9 Julio de 2024
Alentados por el negacionismo oficial, se levantan estas banderas: "Los carapintadas tienen razón"
Alentados por el negacionismo oficial, se levantan estas banderas: "Los carapintadas tienen razón"

Durante el desfile militar por el Día de la Independencia, mientras las agrupaciones de ex combatientes de Malvinas desfilaban frente al palco oficial en la Avenida del Libertador y ante la mirada del presidente Javier Milei, la vicepresidenta negacionista de la dictadura Victoria Villarruel y gran parte del Gabinete libertario, un grupo de personas llamó la atención de propios y extraños al desplegar una bandera argentina con la leyenda: "Los carapintadas tienen razón". 

Alentados por el negacionismo oficial, se levantan estas banderas: "Los carapintadas tienen razón"
Alentados por el negacionismo oficial, se levantan estas banderas: "Los carapintadas tienen razón"

Esta frase hacía una clara referencia y reivindicación a los carapintadas, quienes lideraron alzamientos militares e intentos de golpe de Estado contra los gobiernos democráticos de Raúl Alfonsín en 1987 y Carlos Menem en 1990. Aunque no se identificó a las personas que portaban la bandera, el acto mostró una evidente simpatía hacia los carapintadas, específicamente a figuras como Aldo Rico y el fallecido Mohamed Alí Seineldín. Estos sectores, que forman parte de la familia militar retirada, son conocidos por sus frecuentes reclamos y apariciones públicas en defensa de su causa, tantas veces repudiada hasta el hartazgo. 

Al mismo tiempo, las redes sociales se inundaron de videos que visibilizaban una clara y evidente provocación de parte de algunas personas en medio de los festejos por el Día de la Independencia, impulsaba por los discursos de odio que viene pronunciando La Libertad Avanza desde hace más de siete meses. Sin ir más lejos, en medio del desfile por el 9 de julio una serie de autos Falcon salieron a las calles porteñas a desfilar con banderitas argentinas. "Un desfile por la Avenida Cabildo, un montón, todos falcón... sí, tengo una sensación que ni les cuento. Patriota, sí", dijo, con ironía y mucha preocupación, la mujer que exhibió tal provocación.

Se trata del hostigamiento y la incitación constante de este sector que busca, por cualquier vía, el camino de la violencia. El Ford Falcon, sobre todo el de color verde, está asociado a los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar en Argentina (1976-1983) por varias razones. En primer lugar, el Falcon era el vehículo oficial de las fuerzas armadas y de seguridad durante la dictadura. Era utilizado por los grupos de tareas, que eran las unidades militares encargadas de secuestrar, torturar y asesinar a los opositores al régimen. En segundo lugar, el Falcon verde era un vehículo imponente y llamativo, que generaba un clima de miedo y terror. 

Su presencia en las calles era sinónimo de peligro y represión. En tercer lugar, el Falcon verde fue utilizado en muchos casos para transportar a las víctimas de los secuestros y las torturas. En muchos testimonios de sobrevivientes, se menciona que fueron secuestrados por hombres armados que se trasladaban en un Falcon verde. Por todas estas razones, el Ford Falcon verde se convirtió en un símbolo de la represión y la violencia durante la última dictadura militar en Argentina.

Por dar algunos ejemplos, en 1976, un grupo de tareas de la Armada secuestró a estudiantes de la Universidad de Buenos Aires. Las víctimas fueron trasladadas en un Falcon verde hasta la Base Naval de Almirante Zar, donde fueron torturadas y asesinadas. En 1977, un grupo de tareas de la Policía Federal secuestró a militantes de la Juventud Peronista. Las víctimas fueron trasladadas en un Falcon verde hasta el centro clandestino de detención El Vesubio, donde fueron torturadas y asesinadas.

Alentados por el negacionismo oficial, se levantan estas banderas: "Los carapintadas tienen razón"
Alentados por el negacionismo oficial, se levantan estas banderas: "Los carapintadas tienen razón"

En 1978, un grupo de tareas de la Gendarmería Nacional secuestró a militantes de la organización Montoneros. Las víctimas fueron trasladadas en un Falcon verde hasta el centro clandestino de detención Campo de Mayo, donde fueron torturadas y asesinadas. Y con la bandera que acompañó el desfile militar de Milei, reivindicando el golpismo, pasa lo mismo. El levantamiento carapintada de Semana Santa, ocurrido el 16 de abril de 1987 durante la presidencia de Raúl Alfonsín, representó una seria amenaza para la democracia en Argentina, restablecida apenas unos años antes. 

Los militares carapintadas, llamados así por pintarse la cara como en la guerra, se rebelaron en rechazo a las acciones judiciales en su contra por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Aunque el Congreso había aprobado la ley de Punto Final, que prescribía las causas por delitos de lesa humanidad no iniciadas antes de fines de 1986, los militares exigían la anulación de todos los procesos judiciales en su contra.

El detonante del levantamiento fue la detención de Ernesto Barreiro, acusado de tortura y asesinato, quien se negó a declarar ante la Justicia y fue protegido por sus colegas en el Comando de Infantería Aerotransportada 14 del Tercer Cuerpo de Ejército en Córdoba. Otros 130 militares se sumaron al amotinamiento, liderados por el teniente coronel Aldo Rico, extendiéndose la rebelión a otros cuarteles del país.

Durante más de cien horas, los rebeldes, bajo el mando de Rico desde la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, demandaron una "solución política" a las citaciones judiciales y el alejamiento de la alta jerarquía militar. Mientras tanto, la ciudadanía salió masivamente a las calles en defensa de la democracia, culminando en una gran manifestación el domingo de Pascuas en la Plaza de Mayo.

Milei se subió al tanque con su vice negacionista
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Finalmente, tras la firma de un Acta de Compromiso Democrático, Alfonsín se trasladó a Campo de Mayo para negociar con los rebeldes, quienes exigían su presencia para rendirse. El presidente anunció desde el balcón de la Casa de Gobierno que había evitado el derramamiento de sangre y que la situación estaba bajo control. "Para evitar derramamientos de sangre di instrucciones a los mandos del Ejército para que no se procediera a la represión. Y hoy podemos dar todos gracias a Dios. La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina", fueron sus recordadas e históricas palabras.

Aunque la democracia parecía haber triunfado, en junio de 1987 se aprobó la ley de Obediencia Debida, que garantizaba la impunidad de la mayoría de los represores, eximiendo de responsabilidad a los oficiales de rango medio y bajo bajo el argumento de obediencia a órdenes superiores. A este levantamiento siguieron otros dos: uno entre el 15 y 19 de enero y otro entre el 1 y el 5 de diciembre. El reclamo fue siempre el mismo: percibían que estaban transitando un proceso de indefensión nacional.

EL Estado gastó millones en el desfile militar, pero "no hay plata" y coso
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Lo cierto es que a pesar de haber sido derrotados, los levantamientos carapintada presionaron al poder democrático e influyeron en la aprobación de las llamadas "leyes de impunidad", sancionadas durante los gobiernos de Alfonsín y Menem, que liberaron a los acusados y dejaron sin efecto las investigaciones y condenas dictadas contra los autores de crímenes de lesa humanidad. Recién en 2003, veinte años después de caída la dictadura, las leyes de impunidad fueron anuladas para permitir que los delitos fueran investigados y los culpables condenados. Ahora, en pleno 2024, alentados por el negacionismo oficialista, se levantan de nuevo. 

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